domingo, 16 de mayo de 2010

a veces,
el dedo omnipotente
de dios, o de quien sea
que haya inventado
el juego éste que jugamos
se posa sobre vos,
sobre tus hombros
y te da el respiro necesario,
y te salva de alguna que otra
atrocidad,
pide pido para vos,
te da un descanso.
así,
las voces más insoportables
no suenan tanto en tu cabeza
y los días ya no pasan sobre vos
y el tiempo va a tu lado.
canciones de rock,
libros prestados,
camisetas de algún club
que ni siquiera conocés,
sueños pausados;
todo resulta familiar
y conocido,
todo es justo a la medida
de tus sueños
todo tiene la métrica precisa
y todo está afinado.

(entonces, de nuevo
la trampa que vos mismo
te ponés:
la sensación de haber errado,
de apostar a lo incorrecto,
de haber marcado el número
de la “sucursal tranquilidad”
y haberte equivocado.)